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martes, 9 de junio de 2015

LA CULPA LA TIENE EL DESTINO




Por Mariana Isadora Rodríguez


Cosas del destino

 

            No lo diseñe, no lo espere, no lo busque, no lo cree. Pero así se fueron dando las cosas. Cosa de creer o reventar. Ahí fue que lo vi. Y fue por ese maldito vicio de besar que me pegoteé. Muchas cosas en común, pero no  había mucha piel o si. Lo que no había era mucho sexo. Y por esas cosas del destino,  no va que me quedo embarazada  en una de los primeros intentos.

Él no quería saber nada con la idea de ser padre. Y yo que? Qué se yo... apenas con 18 años, comenzando la universidad, con trabajo temporario. Nada fijo. Ni siquiera sabía si lo que estaba estudiando me gustaba.

            Y este caballero aparece justo ahí, en un momento de muchas preguntas, de muchas inseguridades y en el preciso momento cuando estaba descubriendo el mundo. Comenzaba a tener nuevos amigos. A pintarme como una puerta y buscar ropas que se amoldaran a mi cuerpo y ocultaran mis defectos.

            Toda mi vida haba tenido piernas delgadas y cara de nena. Quizás por eso, no había tenido novio en la secundaria. Y me sentía aislada, no tenia de que hablar con mis compañeras  del colegio  que  ya tenían  experiencias sexuales. Yo nada, no conseguía más que enamorarme en silencio.  Amores platónicos.

            Y de repente, Nico. Así de la nada. Me gusto su cara de niño, su cuerpo poco musculoso. Sus cosas raras. Era realmente raro. Pero  en ese momento, no podía darme cuenta  porque era  extraño. Nos gustaba estar horas y horas abrazados.

 

            Él tenía algunos amigos y nos reuníamos  bastante con ellos. Siempre estaban organizando fiestas de disfraces.  Era muy sano. No  consumía drogas y tampoco mucho alcohol. Escuchábamos música y nos encantaba bailar.  A Nico le encantaba disfrazarse  de mujer vampiro y atacaba a mordiscones  a sus amigos. Y con uno de ellos se besaba en la boca. Lo hacía como un juego, claro.

También nos cambiamos la ropa con Nico. Él se ponía mis plataformas y se maquillaba. Y yo permanecía en calzones al lado del. Y sus amigos nada. Ninguno decía algo sobre mi cuerpo. Siempre creí que era porque era demasiado lánguida y  no llamaba mucho la atención. Casi sin tetas,  un cuerpo como de nena. Todas las tallas me iban grande de caderas  y muy cortas de piernas. Parecía un espanta pájaros. A no ser por el maquillaje, mis labios gruesos, rojos y carnosos. Era  una mujer sin gracia. Pero no,  solo era una mujer sin exuberancias.

           

            Yo  lo amaba.  Nos amábamos. Yo no podía estar sin él y el sin mí. Como no lo iba a amar, si fue mi primer hombre. Y  respeto mis tiempos. Era muy respetuoso de eso. Muchas veces,  pensé que era porque yo era muy poco atractiva. Pero éramos muy parecidos en eso los dos. Él era igual un tanto celoso de mis amigas. No quería que hablara mucho con ellas. Pero de sus amigos, nunca una escena de celos, nunca una mala cara.  Mi hermano más chico, viste como son de celosos los hermanos menores. Bueno, él  decía que  Nico era maricon.

 

            Para mi Nico era lo más. Era callado, medio tímido, alegre y muy original. Tenía su forma de humor. Y me gustaba eso. Porque siempre estaba dando vuelta el mundo. Mirándolo de otra manera. Se enojaba cuando yo me ponía una minifalda o con push up, me armaba las lolas. Y yo lo hacía por él. Para estar más sexy. Pero él amaba mis uñas negras, mis zapatos de cordones. Y hasta me corte el pelo para parecer un anime japonés, que el adoraba. Estábamos mucho tiempo junto. Casi todo el tiempo posible.

 
El  destino del sexo


            Yo tenía muchas dudas sobre el sexo. Les hacía preguntas a mis amigas.  Ellas eran expertas y salían con pibes más grandes, con hombres casados, con viejos, bah con tipos de más de 30 años. Una de ellas tuvo que hacerse un aborto. Y entre todas juntamos el dinero para que pudiera hacérselo sin decirles nada a sus padres. Y el tipo se borró con eso de que era casado, tenía familia y ella le estaba generando problemas. Que si la mujer se daba cuenta  Y si rompía su matrimonio y sus hijos y no sé cuántas cosas más.  Él tenía hijos, una familia y un trabajo. Era un tipo feliz. Y Male? Male estaba fascinada.

            Una vez, recuerdo, que se habían emborrachado tanto que terminaron teniendo sexo en una playa de estacionamiento en pleno día! Y la mujer de él, llamaba y llamaba, hasta que el atendió el teléfono. Entonces en un santiamén, todo cambio. El obligo a  Male a ponerse la ropa rápido, limpiar el auto y se fue rapidísimo porque  tenía que buscar a los chicos a la escuela. Y Male, me llamo a casa, para que la fuera a buscar a una estación de servicio en el acceso oeste, cerca de Merlo. Male no tenía un mango y le tipo la había dejado ahí. Male se reía, estaba todavía borracha cuando llegue. Se reía  de la locura que habían hecho, del  sexo que habían tenido. Male decía, que él tenía un pito muy grande y cogía muy bien. Y que la mujer estaba fuera de estado. Que había perdido la figura, después de los embarazos y se había puesto exigente con él. Y bueno,  Male estaba enamorada. El la llamaba a cualquier hora. Male decía que él estaba loco por ella. Y Male se escapaba de su casa. A veces de madrugada, otras veces en pleno día. Otras veces ella se tenía que esconder porque pasaban amigos de la familia y podían verlos. Y ellos nunca andaban de la mano. Solo hacían el amor cada vez que se veían. Y se veían solo para tener sexo. Male no entendía  mi relación con Nico. Nosotros íbamos juntos para todos lados, pero no teníamos mucho sexo. Y del destino?  Qué se yo... Male lo estaba descubriendo, él lo estaba padeciendo.


El deber del destino
 

            Edith, mi amiga de la infancia. Con ella mucho no podía hablar. Porque ella tenía otro destino, ya desde muy chica. Su familia era de una religión protestante muy estricta. Con nosotras se soltaba y hablaba cosas así de impíos. Cosas del mundo. Pero se rescataba rápido y se iba. Cuando hablaba de amor, era así como que estaba predestinado y que ella no iba a contradecirlo. Y lo decía tan segura. Que era creíble. Ella andaba con  el hijo del pastor. Y  hacían cosas interesantes juntas. Salían a evangelizar, organizaban actividades para los jóvenes de la comunidad religiosa. A veces, se iban de campamentos a lugares hermosos y se encontraban con otros jóvenes. Ella era muy espiritual y el también. Y siempre decía que pedía a Dios para que  la guiara a espantar los deseos de la carne. Y así,  darse cuenta si  ese era  el verdadero amor. 

Ellos esperaban terminar sus estudios universitarios, y después enrolarse para trabajar en la obra del señor. Y  si era la voluntad de Dios y estaba destinado a formar una familia, se casarían. Pero tenían que luchar mucho por conservar ese amor y no caer en la tentación, ni perderse en otros menesteres. Edith nunca había tenido una relación sexual. Y nos sorprendía, porque ellos no tenían sexo. Pero ella decía, que si tenía la mente ocupada no le daba tiempo al diablo para que se apoderada de los deseos de la carne. Ella quería llegar virgen al matrimonio y ofrendarle a su futuro esposo, toda su femineidad intacta. Entonces como podía yo contarle a Edith sobre mi relación con Nico. Bueno quizás era un poco como Edith, una relación  espiritual y  no nos dábamos cuenta, quizás ese era nuestro destino.

 
Destino de iglesia y familia
El destino de mama


            Un día, de casualidad llegue temprano a casa y la vi  a mi mama llorando.   Ella estaba sola, papa se había ido a trabajar y mi hermano estaba en el colegio. Ese día, me sorprendió encontrarme con mama. Normalmente  a esa hora,  ella estaba en el  instituto.  Ella había retomado sus estudios  de pedagogía. Cosa que me hacía muy feliz. Pero quien no estaba  muy feliz era  mi papa. Papa le reprochaba a mama, que  ella abandonaba las tareas de la casa,  que no tenía que comer, que estaba todo desordenado. Que cocinaba siempre lo mismo.

            Cuando mama no estudiaba, papa llegaba a casa, prendía la tele y del sofá no se movía. Todo el tiempo diciendo Tesorito no me haces un té?, tesorito tengo frio, me alcanzas la manta? Mi reina, podes plancharme esta camisa para mañana? Mama, podes hacer callar a esos chicos que quiero ver el noticiero? No podíamos ni jugar cuando él estaba en casa. Y de mirar televisión ni hablemos. Todo era para él. Todo lo mejor. Él decía que podía comprarlo porque la plata era de él y era el único que trabajaba en casa. Pero si mama lo hacía, él se enojaba. Y eran tan insoportables todos los reproches que le hacía a mama, que ella terminaba por abandonar el trabajo, los estudios. Y así todo  eso se repetía cada tanto,  durante muchos años. Ese era el destino de mama?

 

            Pero ahora ella,  se había puesto a estudiar para poder  trabajar y  ayudar en la casa. Tener su dinero, administrarse de otra manera, ayudarnos a nosotros y esas cosas. Eso  molestaba a papa y a la madre de papa. Porque  decían que con eso de ir a estudiar, se estaba  juntando  con gente de ideas raras. Y esas ideas raras la estaban convenciendo a mama. Parece que mama se estaba rebelando y los abuelos decían, -”tarde le llega la adolescencia. “- Y papa se mofaba de eso. Hacia pantomimas de mama comiéndose las uñas, con tics nerviosos, con blusas escotadas, polleras cortas y tacos como los míos. Mama no decía nada. Seguía con sus cosas. Que paciencia la de mama. Algún día se va a cansar, pensaba yo. Podrá cambiar de destino o de marido? O el marido que le destino le otorgo?


            Otras veces, mama se conformada diciendo que se parecía a su papa. Que era genético, que no lo podía cambiar. Que así era el destino, que en  la vida,   no  todo  era color de rosa.


La carga del destino

  Mi abuelo materno, había  tenido varias tragedias juntas.  Sus padres habían fallecido cuando él era un niño. Se crio un poco  con sus abuelos y  otro poco con sus tíos. Después, se casó y por cosas de la vida, la Muerte le llevo su esposa y le dejo  tres nenas. Y el destino, nuevamente,  puso en su camino una nueva mujer. No se llevaban muy bien. Vivian todo el tiempo separados y cuando estaban juntos peleaban mucho. Y los sábados iban a la iglesia a buscar soluciones. El pastor decía que: - “lo que Dios unió, no lo separe el hombre.” Entonces hacían un par de oraciones y así  comenzaban de nuevo. La paz les duraba apenas unas horas. Y así seguían y siguen todavía, cargando su destino.

 
La vida del destino

            El caso es que ese día me encontré con mama en casa llorando y  los apuntes del instituto desparramados por todo el living de la casa. Me senté al lado de ella y le pregunte que había pasado. Y mama no quería hablar, se secó las lágrimas y se puso a juntar los papeles del piso.

“No pasa nada hija.” -  Me dijo - “pasa lo de siempre, que a tu papa no le gusta que salga de la casa, que está cansado de llegar y estar solo, de no tener que comer y etc., etc.,  y siempre es la misma cantata. Que también  me descuide de ustedes, que los dejo hacer lo que quieran, que no sé dónde están, que no me interesa la familia, que estoy tirando por la ventana,  todo el sacrificio que el hizo durante todos estos años...” Mama lloraba mientras hablaba. Lloraba mucho. Abrace a mama y me puse a llorar con ella. Y llorando le dije:- “Y justo ahora vengo yo con un embarazo.”

 

            Mama me despego  de su pecho y me agarro fuerte de los hombros.  Mientras me decía-”Que, que, qué?” oh no, Lolis. Yo sabía que esto podía pasar. Se agarraba la cabeza,  caminaba y daba pisotones en el piso. Y yo ahí parada aun con la campera puesta y comiéndome las uñas. -“Bueno ma, paso.” - le dije.

 -Porque  no te cuidaste?- Que dice Nico? Y la universidad ahora? - Parecía una máquina de hacer preguntas y sin respirar. 

 

            Ma, - dije con voz fuerte para interrumpir un poco su monologo. -” Nico no quiere tenerlo,  pero yo sí.” - Mientras mi vieja me miraba con los ojos bien abiertos,  resoplaba y meneaba la cabeza.  “Facu, ya sabe y él me puede ayudar a cuidarlo mientras estoy cursando.” Facu es mi hermano menor. Y es mi confidente también.

-Claro ustedes saben mucho de hijos y son muy responsables- gritaba mama.  - Los tengo que despertar para ir a la escuela y hablan de cuidar un bebe como si fuera fácil! Que no se entere tu padre. Esto lo resolvemos nosotras. -Me dijo sentenciándome.

 

            Como siempre mi mama resolvió todo. Conseguimos el dinero, fuimos al ginecólogo y me  hice el aborto. Mi tía, que estaba de visita por Argentina, me acompaño al consultorio. Mi tía,  otra que anda buscando el destino no sé por dónde. Nunca para, quizás porque nunca lo encuentra. Vaya uno a saber. Tantos destinos, como personas. O será   que hay más de un destino para cada persona? Me pregunto a veces.

 

            Pocos meses después paso  la tormenta y nos dejamos de ver con Nico. El  continúo con sus estudios de informática. Se lo ve con un amigo. Su mejor amigo. El de siempre. Y cada tanto aparecen  fotos en su  Instagram  y Facebook.  Ellos dos  tomados de la mano,  dándose besos. Siempre pensé que su relación era de un amor muy fuerte. Nico decía que eran inseparables. Compartían secretos muy íntimos. A mí no me los quería contar porque decía que eso cambiaría la relación. Él tenía miedo que yo lo odiara. Y yo tenía miedo que él me odiara a mí,  por querer  tener un hijo suyo. Sera que el sexo condiciona el destino?

            Por fortuna eso no paso, pero  yo fui su primera y única mujer.  Nico es y será una persona única para mí. Nos une,  quizás, ese secreto  de haber derribado prejuicios y desafiado el destino.  Bah, que destino? Tal vez el de conocernos, el de  disimular los defectos,  el de jugar con las apariencias, el de ser capaces de elegir…

 

            Que hubiera pasado si todo hubiera sido al revés, o simplemente una cosa hubiera sido diferente?  A veces,  me gusta hacer esos juegos mentales de inventar finales y trucar realidades. Y ni hablar que cuando saco un pasaje elijo  un punto de llegada, marco un lugar de arribo y  saco  un billete para otro lugar. Una manera de esconderme del destino o perderme por el camino. Siento esa simple felicidad que escribe Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar.”  A esa frase me la hice carne. Que hasta pienso que el destino es  solo un lugar de paso, un lugar de arribo,  entre tantos caminos, atajos y vericuetos que se entreveran con el tiempo.

 

martes, 28 de abril de 2015


                   Don Eduardo Galeano

Por Mariana Isadora Rodriguez

 

El pasado 13 de abril de 2015,  muere en Montevideo, capital de la Republica del Oriental del Uruguay, uno de los pensadores más influyentes en la cultura popular y del pensamiento progresista  latinoamericano,  de los últimos 50 años.  Eduardo Galeano, Periodista escritor, activista  por los derechos humanos, comprometido en la situación social de su país, la región y el mundo.  Fue un  pensador  político y crítico de la  izquierda latinoamericana Ha sido para los jóvenes activistas progresistas  de los 60, 70 y   de la actualidad un guía ideológico, un referente intelectual y  cultural.

Su muerte se lloró en todo el continente. Se acercaron  grandes artistas nacionales e internacionales,  escritores, periodistas y una multitud de personas, para  dar el último adiós, en el Salón de los pasos Perdidos del Parlamento Uruguayo. “Fallece un gran maestro de la Patria Grande”, twitteo  uno de los presidentes latinoamericanos. El  ex presidente Brasilero, Ignacio Lula Da Silva consideró que la obra de Galeano es “una referencia para todos aquellos que luchan por una América latina más desarrollada,  justa e integrada”. José “Pepe” Mujica El ex presidente de Uruguay, dijo que Galeano fue un hombre “intelectualmente brillante”.

 

Eduardo Galeano ha publicado números libros y ganado  premios internacionales por sus prosas y ensayos. Uno de los libros más destacados fue sin duda “Las venas Abiertas de América Latina, publicado en 1971 y censurado por los gobiernos militares de Uruguay, Chile y Argentina.

 

Pequeña biografía

Eduardo  Hughes Galeano, nació en Montevideo, el 3 de septiembre de 1940. Hijo de una  familia de  migrantes italianos, españoles, galeses y alemanes.  Trabajo como obrero de fábrica, dibujante  de caricaturas, pintor sin éxito, mensajero, mecanógrafo y cajero de banco. Entre sus pasiones se destacan la historia, la política, el amor y   el futbol.

A los 14 años comienza a trabajar  como caricaturista en el  semanario socialista  El sol, Luego fue jefe de redacción del semanario Marcha, director del diario La Época de Uruguay. En 1973, se exilió en argentina y funda la revista Crisis,  junto a otros reconocidos intelectuales de izquierda. Y en 1976,   mientras el horror se acercaba y los amigos desaparecían por error y otros por simplemente pensar. Decidió  exiliarse en Cataluña.  Allí escribió “Días y noches de amor y guerra” en 1977.  Una crónica del horror que causaba la dictadura en Uruguay y Argentina.  “A veces -escribió-  se me da por sentir que la alegría es un delito de alta traición, y que yo soy el culpable del privilegio de seguir vivo y libre”  Esta obra  recibe el premio Casa de las Américas 1978.

En 1985, regresa a Montevideo y su lucha política y social  continua. Eduardo ha sido un indignado permanente frente a las injusticias, las desigualdades sociales, las políticas de vaciamiento, explotación de los recursos naturales y los Derechos humanos.

Eduardo Galeano, escribió más de 40 libros entre 1963 y 2015.  Entre los que se destacan: Las venas abiertas de América Latina (1971), que desde su publicación se ha convertido en un clásico de la literatura política latinoamericana.  Memorias del fuego (1986), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986), y que fue premiada por el Ministerio de Cultura de Uruguay y también con el American Book Award, distinción que otorga la Washington University. Las palabras andantes  (1993), El futbol a sol y a sombra  publicado en 1995.  Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 1999. El libro de los abrazos, 2003, con  relatos breves y frases de grafitis.   Espejos. Una historia casi universal, 2008 y Mujeres a pocos días de salir a la venta, 2015

 

Premios

Fue galardonado con el premio Casa de las Américas en 1975 y 1978; Premio del Ministerio de Cultura del Uruguay 1982, 1984, 1986.

En 2013 recibió tres distinciones: el premio A. E. Havens Center Lifetime Contribution to Critical Scholarship, de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos; fue condecorado con la medalla Juana Azurduy de Padilla, la máxima distinción que otorga la Universidad Andina Simón Bolívar, de Bolivia; y el Premio Alba de las Letras.

 Además, le otorgaron el premio José María Arguedas (Casa de las Américas de Cuba), la medalla mexicana del Bicentenario de la Independencia; los premios italianos Mare Nostrum, Pellegrino Artusi y Grinzane Cavour; el premio Stig Dagerman, de Suecia 2010; la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Fue elegido primer Ciudadano Ilustre de los países del Mercosur y fue también el primer galardonado con el premio Aloa 1993, de los editores de Dinamarca.  Y fue  el primero en recibir el Cultural Freedom Price, otorgado por la Fundación Lannan en 1999, en Estados Unidos, entre otros

 

Sus libros tienen  gran sensibilidad social y  revalorizan la  identidad Latinoamericana.  Galeano encuentra pequeñas historias en  la tradición oral y la cultura popular.  Que muestran ese otro mundo, donde habitan los nadies, los dueños de nada, como escribía el, en el libro de los abrazos. Los pobres, los indígenas, los primitivos, las personas que viven en las villas miserias.   Allí hay un  mundo cargado de magia y anécdotas que se conocen y no se dicen porque no están escritas, no pertenecen al mundo de la cultura oficial, pero si del folklore  popular. 

 

LAS VENAS ABIERTAS DE AMERICA LATINA

 “Las venas Abiertas de América Latina”,  es el libro de mayor transcendencia internacional, fue traducido a 20 idiomas. Contiene  ensayos periodísticos, sobre las explotaciones de  los recursos naturales en Latino América  desde la conquista española en  siglo XV,  hasta las dominaciones contemporáneas del   XX.  Este libro, fue obsequiado por el  ex presidente de Venezuela Hugo Chávez a su par norteamericano, Barack Obama, en la V cumbre de las Américas, llevadas a cabo en Cartagena de indias, en abril del  2009.

Eduardo Galeano solía incomodar con sus preguntas ingenuas. Desde el sentido común preguntaba  sobre la opresión, sobre la esclavitud, sobre la explotación, sobre la educación. Sobre la deuda externa de los países latinoamericanos. Y con vocabulario simple, fácil de comprender podía responder  situaciones muy complejas. Decía también,  que para poder entender los problemas sociales del mundo de hoy, había que leer las páginas policiales de los diarios. Ahí es donde se encuentran  las contradicciones sociales.

La vida de Eduardo Galeano está asociada a la cultura de los años de las utopías, los sueños, las revoluciones y los grandes relatos, pero también a otros presentes de pequeños relatos y breves historias, no menos importantes, que le dieron tiempo para el  amor y los amigos. 

 Como homenaje, como corolario, epitafio. Quizás también como esta nueva forma de lectura veloz y de escritura rápida circulan por Facebook, twitter, centenares de frases de Eduardo Galeano.

 

Yo creo que fuimos nacidos hijos de los días, porque cada día tiene una historia y nosotros somos las historias que vivimos...

En e l siglo XX la mitad del mundo sacrifico la justicia en nombre de la libertad, la otra mitad sacrifico la libertad en nombre de la justicia. Y en el Siglo XXI sacrificamos las dos en nombre de la Globalización.

En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

El poder es como un violín. Se toma con la izquierda y se toca con la derecha

La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo

 

 

martes, 14 de abril de 2015

EDUARDO GALEANO

Cuando era chico quise ser un montón de cosas que resultaron imposibles: por patadura no pude ser jugador de fútbol; por pecador tampoco pude ser santo; también quise ser pintor, pero el talento no daba. Pero de algún modo escribo pintando: si no cierro los ojos y no veo lo que voy a escribir, lo que voy a contar con palabras, que puede ser una idea, una noción, una experiencia, no puedo hacerlo. Tengo que verlo antes, lo que indica que tengo una manera plástica de escribir. Por otra parte, creo que es una pena que se haya perdido aquella sana costumbre de leer en voz alta en las escuelas, porque eso hacía que uno desde temprano se familiarizara con la música de las palabras. A cada texto lo escribo y lo reescribo, lo hago y lo rehago muchas veces, pero la prueba de fuego es la lectura en voz alta. Uno percibe la eficacia de un texto a través de su musicalidad, de cómo suena cuando se lo lee en voz alta.”
  • “No soy un pensador, por suerte, ni siquiera soy un intelectual. La palabra pensador me horroriza un poco. El intelectual se define por oposición a la manualidad o por desprecio al corazón. Yo soy un sentipensante, siento y pienso a la vez. Lo que la razón hace es organizar las sensaciones que vienen no se sabe de qué entraña: el hígado, el corazón, el estómago o el sexo... No se sabe qué es lo que genera eso que está más allá de las ideas.”
  • “Somos instrumentos de las máquinas: el automóvil te maneja, la computadora te programa, el supermercado te compra, la televisión te mira. Los instrumentos que nacen al servicio de la gente terminan por poner a la gente a su servicio. Una de las pruebas de que el mundo está al revés es lo que pasa con las ciudades: fueron creadas como lugares de encuentro entre las personas y, hoy, las personas somos intrusas en estos vastos garages.”
  • “Hay una imposición de un sistema de valores que corresponden a un modelo social que a mí no me gusta, pero que hoy por hoy se acepta como el único posible. La ‘Macdonaldización’ del mundo”.
  • “El problema es la inversión de valores: el problema no es lo que uno consume, sino que es consumido por lo que consume. Hay que empezar a reivindicar lo que es más obvio, la dignidad humana, el trabajo, el valor del trabajo, en lo que yo insisto mucho porque me parece que es una de las fuentes de la inseguridad colectiva en que vive el mundo. Los que algo tienen tienen miedo de perder lo que tienen, y los que no tienen tienen miedo de no llegar a tener nunca eso que no tienen y necesitan. Entonces es un mundo gobernado por el miedo.”
  • “El trabajo ha sido reducido al mínimo de los mínimos; vale menos que la basura. Es cada vez más difícil conseguirlo, más difícil conservarlo y ganar un salario digno. Y todo en nombre de la competitividad, que se lleva por delante dos siglos de conquistas obreras. Ahora dicen: ‘La cola es larga: tómelo o déjelo’. El auge del delito tiene que ver, entre otras cosas, con la injusticia social, con el desvalor del trabajo. El mundo actual está preso de la inseguridad y del miedo. Todos estamos más o menos presos: los de arriba, los del medio y los de abajo. Aunque la prisión puede ser un lujo: los barrios residenciales parecen fortalezas medievales con recursos electrónicos.”
  • “No soy de dar consejos ni de recibirlos, no me gustan los aconsejadores ni quiero ser uno más. Puedo, en todo caso, tratar de transmitir algo de lo que he vivido. Primera cosa: para ser capaz de decir hay que ser capaz de escuchar. Segunda cosa, me la dijo Juan Carlos Onetti: las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio. O sea, yo les diría a los que empiezan: cuídense de la inflación palabrera. En América latina es tan devastadora como la inflación monetaria. Después, no se crean el cuento de que hay una frontera que separa al periodismo de la literatura. Literatura es el conjunto de mensajes escritos que una sociedad emite, tengan la forma que tengan. Uno puede decir lo que quiere decir escribiendo en periódicos o en libros. El periodismo bien ejercido puede llegar a ser muy buena literatura, como lo demostraron. entre otros. José Martí, Carlos Quijano, Rodolfo Walsh... la lista sería larga si nombrásemos a todos.”
  • “Durante los mundiales directamente me voy del Planeta Tierra. Me mudo al Planeta Pelota, igual de redondo pero más chico. Me dedico a ver todos los partidos, o al menos a intentarlo, porque siempre pasa que alguno me pierdo. Pero lo que quiero decir es que me siento con una cervecita bien fría delante de la TV y me meto en una pelota. Y de ahí no salgo hasta que el Mundial se termina. Así de sencillo. Soy fútbol-adicto. Y esto viene de la infancia más remota, porque mi padre me llevaba al estadio cuando yo todavía era un bebé. Y luego, claro, toda mi vida jugué al fútbol.”
  • “Maradona tiene que cargar con una cruz muy pesada en la espalda: llamarse Maradona. Es muy difícil ser Dios en este mundo, y más difícil comprobar que a los dioses no se les permite jubilarse, que deben seguir siendo dioses a toda costa. Y el de Maradona es un caso único, el deportista más famoso del mundo, a pesar de que hace años que ya no juega, esa necesidad de protagonismo derivada de la popularidad mundial que tiene. Quiero decir que es el más humano de los dioses, porque es como cualquiera de nosotros. Arrogante, mujeriego, débil... ¡Todos somos así! Estamos hechos de barro humano, así que la gente se reconoce en él por eso mismo. No es un dios que desde lo alto del cielo nos muestra su pureza y nos castiga. Entonces, lo menos que se parece a un dios virtuoso es la divinidad pagana que es Maradona. Eso explica su prestigio. Nos reconocemos en él por sus virtudes, pero también por sus defectos.”
  • “Quien lee algo que de veras vale la pena no lee impunemente. Leer un libro de esos que respiran cuando te los ponés al oído no te deja intocado: te cambia, aunque sea un poquitito, te incorpora algo, algo que no sabías o no imaginabas, y te invita a buscar, a preguntar. Y más, todavía: a veces hasta te puede ayudar a descubrir el verdadero significado de las palabras traicionadas por el diccionario de nuestro tiempo. ¿Qué más puede querer una conciencia crítica?”
  • “No hay nada en el mundo que no merezca ser reído. Si la literatura de denuncia no es, al mismo tiempo, una literatura de la celebración, se aleja de la vida viva y duerme a sus lectores. Se supone que sus lectores deben arder de indignación, pero ellos se caen de sueño. Con frecuencia ocurre que la literatura que dice dirigirse al pueblo sólo se dirige a los convencidos. Sin riesgo ninguno, se parece más a la masturbación que al acto del amor, aunque según me han dicho el acto del amor es mejor, porque se conoce gente. La contradicción mueve la historia, y la literatura que de veras estimula la energía de cambio nos ayuda a adivinar los soles secretos que cada noche esconde, esa humana hazaña de reír contra toda evidencia. La herencia hebreo-cristiana, que tanto elogia el dolor, no ayuda mucho. Si no recuerdo mal, en toda la Biblia no suena ni una risa. El mundo es un valle de lágrimas, los que más sufren son los elegidos que suben al Cielo.”
  • “No me arrepiento de nada. Yo también soy la suma de todas mis metidas de pata.”
  • domingo, 8 de junio de 2014

    EL MEJOR OFICIO DEL MUNDO. G.G. MARQUEZ


    [Discurso ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa -Texto completo.]

    Gabriel García Márquez
    A una universidad colombiana se le preguntó cuáles son las pruebas de aptitud y vocación que se hacen a quienes desean estudiar periodismo y la respuesta fue terminante: “Los periodistas no son artistas”. Estas reflexiones, por el contrario, se fundan precisamente en la certidumbre de que el periodismo escrito es un género literario.
    Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran.
    El periódico cabía entonces en tres grandes secciones: noticias, crónicas y reportajes, y notas editoriales. La sección más delicada y de gran prestigio era la editorial. El cargo más desvalido era el de reportero, que tenía al mismo tiempo la connotación de aprendiz y cargaladrillos. El tiempo y el mismo oficio han demostrado que el sistema nervioso del periodismo circula en realidad en sentido contrario. Doy fe: a los diecinueve años -siendo el peor estudiante de derecho- empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso.
    La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo... como nosotros mismos lo llamábamos. Alberto Lleras Camargo, que fue periodista siempre y dos veces presidente de Colombia, no era ni siquiera bachiller.
    La creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico. Ahora ya no son sólo para la prensa escrita sino para todos los medios inventados y por inventar.
    Pero en su expansión se llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social. El resultado, en general, no es alentador. Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las dos condiciones más importantes: la creatividad y la práctica.
    La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos. Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor. Algunos, conscientes de sus deficiencias, se sienten defraudados por la escuela y no les tiembla la voz para culpar a sus maestros de no haberles inculcado las virtudes que ahora les reclaman, y en especial la curiosidad por la vida.
    Es cierto que estas críticas valen para la educación general, pervertida por la masificación de escuelas que siguen la línea viciada de lo informativo en vez de lo formativo. Pero en el caso específico del periodismo parece ser, además, que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Es decir, las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado. Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante.
    No es fácil entender que el esplendor tecnológico y el vértigo de las comunicaciones, que tanto deseábamos en nuestros tiempos, hayan servido para anticipar y agravar la agonía cotidiana de la hora del cierre. Los principiantes se quejan de que los editores les conceden tres horas para una tarea que en el momento de la verdad es imposible en menos de seis, que les ordenan material para dos columnas y a la hora de la verdad sólo les asignan media, y en el pánico del cierre nadie tiene tiempo ni humor para explicarles por qué, y menos para darles una palabra de consuelo. “Ni siquiera nos regañan”, dice un reportero novato ansioso de comunicación directa con sus jefes. Nada: el editor que antes era un papá sabio y compasivo, apenas si tiene fuerzas y tiempo para sobrevivir él mismo a las galeras de la tecnología.
    Creo que es la prisa y la restricción del espacio lo que ha minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como el género estrella, pero que es también el que requiere más tiempo, más investigación, más reflexión, y un dominio certero del arte de escribir. Es en realidad la reconstitución minuciosa y verídica del hecho. Es decir: la noticia completa, tal como sucedió en la realidad, para que el lector la conozca como si hubiera estado en el lugar de los hechos.
    Antes que se inventaran el teletipo y el télex, un operador de radio con vocación de mártir capturaba al vuelo las noticias del mundo entre silbidos siderales, y un redactor erudito las elaboraba completas con pormenores y antecedentes, como se reconstruye el esqueleto entero de un dinosaurio a partir de una vértebra. Sólo la interpretación estaba vedada, porque era un dominio sagrado del director, cuyos editoriales se presumían escritos por él, aunque no lo fueran, y casi siempre con caligrafías célebres por lo enmarañadas. Directores históricos tenían linotipistas personales para descifrarlas.
    Un avance importante en este medio siglo es que ahora se comenta y se opina en la noticia y en el reportaje, y se enriquece el editorial con datos informativos. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores, pues nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio. El empleo desaforado de comillas en declaraciones falsas o ciertas permite equívocos inocentes o deliberados, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal. Las citas de fuentes que merecen entero crédito, de personas generalmente bien informadas o de altos funcionarios que pidieron no revelar su nombre, o de observadores que todo lo saben y que nadie ve, amparan toda clase de agravios impunes. Pero el culpable se atrinchera en su derecho de no revelar la fuente, sin preguntarse si él mismo no es un instrumento fácil de esa fuente que le transmitió la información como quiso y arreglada como más le convino. Yo creo que sí: el mal periodista piensa que su fuente es su vida misma -sobre todo si es oficial- y por eso la sacraliza, la consiente, la protege, y termina por establecer con ella una peligrosa relación de complicidad, que lo lleva inclusive a menospreciar la decencia de la segunda fuente.
    Aun a riesgo de ser demasiado anecdótico, creo que hay otro gran culpable en este drama: la grabadora. Antes de que ésta se inventara, el oficio se hacía bien con tres recursos de trabajo que en realidad eran uno sólo: la libreta de notas, una ética a toda prueba, y un par de oídos que los reporteros usábamos todavía para oír lo que nos decían. El manejo profesional y ético de la grabadora está por inventar. Alguien tendría que enseñarles a los colegas jóvenes que la casete no es un sustituto de la memoria, sino una evolución de la humilde libreta de apuntes que tan buenos servicios prestó en los orígenes del oficio. La grabadora oye pero no escucha, repite -como un loro digital- pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral. Para la radio tiene la enorme ventaja de la literalidad y la inmediatez, pero muchos entrevistadores no escuchan las respuestas por pensar en la pregunta siguiente.
    La grabadora es la culpable de la magnificación viciosa de la entrevista. La radio y la televisión, por su naturaleza misma, la convirtieron en el género supremo, pero también la prensa escrita parece compartir la idea equivocada de que la voz de la verdad no es tanto la del periodista que vio como la del entrevistado que declaró. Para muchos redactores de periódicos la transcripción es la prueba de fuego: confunden el sonido de las palabras, tropiezan con la semántica, naufragan en la ortografía y mueren por el infarto de la sintaxis. Tal vez la solución sea que se vuelva a la pobre libretita de notas para que el periodista vaya editando con su inteligencia a medida que escucha, y le deje a la grabadora su verdadera categoría de testigo invaluable. De todos modos, es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional.
    Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo. Claro que deben persistir en sus programas humanísticos, aunque menos ambiciosos y perentorios, para contribuir a la base cultural que los alumnos no llevan del bachillerato. Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón.
    El objetivo final debería ser el retorno al sistema primario de enseñanza mediante talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas, y en su marco original de servicio público. Es decir: rescatar para el aprendizaje el espíritu de la tertulia de las cinco de la tarde.
    Un grupo de periodistas independientes estamos tratando de hacerlo para toda la América Latina desde Cartagena de Indias, con un sistema de talleres experimentales e itinerantes que lleva el nombre nada modesto de Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es una experiencia piloto con periodistas nuevos para trabajar sobre una especialidad específica -reportaje, edición, entrevistas de radio y televisión, y tantas otras- bajo la dirección de un veterano del oficio.
    En respuesta a una convocatoria pública de la Fundación, los candidatos son propuestos por el medio en que trabajan, el cual corre con los gastos del viaje, la estancia y la matrícula. Deben ser menores de treinta años, tener una experiencia mínima de tres, y acreditar su aptitud y el grado de dominio de su especialidad con muestras de las que ellos mismos consideren sus mejores y sus peores obras.
    La duración de cada taller depende de la disponibilidad del maestro invitado -que escasas veces puede ser de más de una semana-, y éste no pretende ilustrar a sus talleristas con dogmas teóricos y prejuicios académicos, sino foguearlos en mesa redonda con ejercicios prácticos, para tratar de transmitirles sus experiencias en la carpintería del oficio. Pues el propósito no es enseñar a ser periodistas, sino mejorar con la práctica a los que ya lo son. No se hacen exámenes ni evaluaciones finales, ni se expiden diplomas ni certificados de ninguna clase: la vida se encargará de decidir quién sirve y quién no sirve.
    Trescientos veinte periodistas jóvenes de once países han participado en veintisiete talleres en sólo año y medio de vida de la Fundación, conducidos por veteranos de diez nacionalidades. Los inauguró Alma Guillermoprieto con dos talleres de crónica y reportaje. Terry Anderson dirigió otro sobre información en situaciones de peligro, con la colaboración de un general de las Fuerzas Armadas que señaló muy bien los límites entre el heroísmo y el suicidio. Tomás Eloy Martínez, nuestro cómplice más fiel y encarnizado, hizo un taller de edición y más tarde otro de periodismo en tiempos de crisis. Phil Bennet hizo el suyo sobre las tendencias de la prensa en los Estados Unidos y Stephen Ferry lo hizo sobre fotografía. El magnifico Horacio Bervitsky y el acucioso Tim Golden exploraron distintas áreas del periodismo investigativo, y el español Miguel Ángel Bastenier dirigió un seminario de periodismo internacional y fascinó a sus talleristas con un análisis crítico y brillante de la prensa europea.
    Uno de gerentes frente a redactores tuvo resultados muy positivos, y soñamos con convocar el año entrante un intercambio masivo de experiencias en ediciones dominicales entre editores de medio mundo. Yo mismo he incurrido varias veces en la tentación de convencer a los talleristas de que un reportaje magistral puede ennoblecer a la prensa con los gérmenes diáfanos de la poesía.
    Los beneficios cosechados hasta ahora no son fáciles de evaluar desde un punto de vista pedagógico, pero consideramos como síntomas alentadores el entusiasmo creciente de los talleristas, que son ya un fermento multiplicador del inconformismo y la subversión creativa dentro de sus medios, compartido en muchos casos por sus directivas. El solo hecho de lograr que veinte periodistas de distintos países se reúnan a conversar cinco días sobre el oficio ya es un logro para ellos y para el periodismo. Pues al fin y al cabo no estamos proponiendo un nuevo modo de enseñarlo, sino tratando de inventar otra vez el viejo modo de aprenderlo.
    Los medios harían bien en apoyar esta operación de rescate. Ya sea en sus salas de redacción, o con escenarios construidos a propósito, como los simuladores aéreos que reproducen todos los incidentes del vuelo para que los estudiantes aprendan a sortear los desastres antes de que se los encuentren de verdad atravesados en la vida. Pues el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.
    FIN
    Discurso ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Los Ángeles, EE.UU., 7 octubre 1996.

    lunes, 21 de abril de 2014

     ANEXO: "CARTA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ A GEORGE W. BUSH"

    "¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu patio y no en el living del vecino? ¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico que provocan el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios que se derrumban, ese terrible olor que se mete hasta el fondo en los pulmones, los ojos de los inocentes que caminan cubiertos de sangre y polvo?

    ¿Cómo se vive por un día en tu propia casa la incertidumbre de lo que va a pasar? ¿Cómo se sale del estado de shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del Enola Gay dejara caer la bomba. En pocos segundos habían muerto 80. 000 hombres mujeres y niños. Otros 250. 000 morirían en los años siguientes a causa de las radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la televisión.

    ¿Cómo se siente hoy el horror cuando las terribles imágenes de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de septiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro 11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes habían planeado. También fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus marines salían a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista.

    ¿Sabías que entre 1824 y 1994 tu país llevó a cabo 73 invasiones a países de América Latina? Las víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El Salvador, Guatemala y Granada.

    Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el comienzo del siglo XX, casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentágono no hubiera participado. Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl Harbor cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en 1941. Pero siempre el horror estuvo lejos.

    Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo en medio del polvo, cuando viste las imágenes por televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan, la gente caía desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas. En Vietnam, la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caían en un salto desesperado al vacío.

    Tu aviación no dejó una fábrica en pie ni un puente sin destruir en Yugoslavia. En Irak fueron 500. 000 los muertos. Medio millón de almas se llevó la Operación Tormenta del Desierto... ¿Cuánta gente desangrada en lugares tan exóticos y lejanos como Vietnam, Irak, Irán, Afganistán, Libia, Angola, Somalia, Congo, Nicaragua, Dominicana, Camboya, Yugoslavia, Sudán, y una lista interminable? En todos esos lugares los proyectiles habían sido fabricados en factorías de tu país, y eran apuntados por tus muchachos, por gente pagada por tu Departamento de Estado, y sólo para que tu pudieras seguir gozando de la forma de vida americana.

    Hace casi un siglo que tu país está en guerra con todo el mundo. Curiosamente, tus gobernantes lanzan los jinetes del Apocalipsis en nombre de la libertad y de la democracia. Pero debes saber que para muchos pueblos del mundo (en este planeta donde cada día mueren 24. 000 pobladores por hambre o enfermedades curables), Estados Unidos no representa la libertad, sino un enemigo lejano y terrible que sólo siembra guerra, hambre, miedo y destrucción. Siempre han sido conflictos bélicos lejanos para ti, pero para quienes viven allá es una dolorosa realidad cercana, una guerra donde los edificios se desploman bajo las bombas y donde esa gente encuentra una muerte horrible. Y las víctimas han sido, en el 90 por ciento, civiles, mujeres, ancianos, niños efectos colaterales.

    ¿Qué se siente cuando el horror golpea a tu puerta aunque sea por un sólo día? ¿Qué se piensa cuando las víctimas en Nueva York son secretarias, operadores de bolsa o empleados de limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron una mosca?

    ¿Cómo se siente el miedo? ¿Cómo se siente, yanqui, saber que la larga guerra finalmente el 11 de septiembre llegó a tu casa? "



    http://anonpublico.blogspot.mx/2014/04/regalo-gabriel-garcia-marquez-10-de-sus.html?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter&m=1

    viernes, 20 de diciembre de 2013

    http://revistamagna.com.ar/periodismo-a-la-vikinga-entrevista-a-mariana-periodista-argentina-residente-en-dinamarca/


    ¡Periodismo a la vikinga!: Entrevista a Mariana, periodista argentina residente en Dinamarca
    Desde Copenhague, Dinamarca, Mariana Rodríguez nos cuenta un poco sobre su vida profesional en un país tan distante y diferente a su tierra natal. ¿Querés conocer su historia? Pasá.
    Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar
    Mariana Rodríguez es argentina, más precisamente marplatense, aunque me aclara en un mail que si bien nació en “La Feliz” donde aún tiene a su familia, ha vivido en varios lugares más: San Nicolás de los Arroyos, Concordia, Choele Choel, Quemú Quemú, Balcarce, Gobernador Crespo, Santa Fe, Villa Libertador San Martin, Entre Ríos, La Plata y Capital Federal. Un espíritu nómade se podría decir, o grandes ansias de conocer lugares, gente y aprender.
    "Es muy dura la población danesa en aceptar competencias profesionales", explica Mariana.
    “Es muy dura la población danesa en aceptar competencias profesionales”, explica Mariana.
    Por estas cosas de Facebook y su mundo interminable de grupos y páginas, conocí su historia. En un grupo sobre argentinos en Dinamarca al cual entré en una búsqueda personal me topé con Mariana y sus comentarios, en donde deduje – y luego corroboré- que era periodista y comunicadora social. Esto fue algo que me llamó la atención inmediatamente, no sólo por ser trabajadores del mismo ámbito, sino por la curiosidad que me provocó saber que hay latinos haciendo periodismo en un país tan lejano y culturalmente diferente como es Dinamarca y demás países escandinavos. Imaginando que detrás de ella había una historia y un espíritu interesante, me dispuse a hacerle una entrevista mediada por los dispositivos tecnológicos y la internet, a la cual amablemente accedió.
    Magna: Mariana, ¿Cómo y cuándo decidiste irte a Dinamarca?
    Mariana Rodríguez: Me vine a Dinamarca en el 2008, por primera vez. Me enamore de un danés y vivimos un tiempo en Argentina juntos. Después yo viajé a Dinamarca. Nos casamos y también nos divorciamos un tiempo después, aunque tenemos una profunda y sincera amistad.
    Venirme no fue una decisión simple. Muchos cambios y muchas cosas. No todas las cosas que imaginé ocurrieron tal cual, ni tampoco hubiese pensado que costaría tantas pérdidas y nostalgias, tanto empezar de cero. Es muy dura la población danesa en aceptar competencias profesionales, son muy rígidos y muy poco abiertos al intercambio. Eso es un tema muy difícil. Porque afuera uno vive siempre con una profunda nostalgia y nunca se es local cuando creciste en otro lugar. El desarraigo es constante, porque estas acá y no sos de acá. Pero es una interesante experiencia vivir un tiempo en otro lugar.
    M: ¿Cómo es ser periodista en Dinamarca siendo “latina”? Imagino que debe tener sus inconvenientes, entre ellos el idioma. ¿Es muy diferente la labor del periodista en Dinamarca respecto a Argentina?
    MR: Ser periodista en Argentina te abre un universo de posibilidades laborales. Quizás no directamente en los medios de comunicación pero sí en muchas empresas, sectores. El abanico es amplio y muy bien considerado, aunque claro, abrirte paso entre los medios de comunicación suele ser una inversión constante. Porque en muchos medios chicos no te pagan en Argentina, y es como que periodista puede ser cualquiera que es famoso y se confunden algunos tantos.
    Como periodista o comunicadora es difícil trabajar en otro país con otro idioma. El trabajo del comunicador es la palabra y cuando faltan, te sentís mudo porque no podes decir lo que quieras y no podes participar en la vida pública y social. Cuesta mucho hacerse entender, que te escuchen.
    Ante el problema de la palabra me dediqué a la imagen, que es otra manera de comunicar con un recurso aceptado por todos y completamente claro.
    Acá en Dinamarca he creado mis espacios ni bien puse los pies aquí. Por casualidad había llegado a un estudio de radio, la recorrí, pregunté y me dijeron “¿querés hacer radio?”, y ahí dije ¡claro que sí! Y en mi idioma. Así que ahí cree Horizonte Latinoamericano. En un momento éramos la única radio en español en Escandinavia. Después comencé a hostigar para utilizar la web y transmitir on-line, porque así teníamos más posibilidades de llegar a más gente, y me ponían muchos peros. Hasta que al final accedieron a transmitir por la web. En ese momento fue el único programa radial en español por la web en el norte de Europa. Aunque nunca se me reconoció la idea ni el estimulo. Igual estoy contenta porque muchas de las cosas que fui proponiendo las fueron realizando, aunque no conmigo. Es como que les cuesta aceptar que una persona de Latinoamérica puede tener ideas, visiones, y aportar soluciones. Una cuestión de Darwinismo profesional. Uno aprende también que no todos los que hablamos el mismo idioma tenemos la misma ética profesional, y no todos periodistas compartimos una mirada crítica de la realidad. Eso pasa acá y allá. Es parte del oficio y del trabajo.
    La periodista dice que aun no se siente realizada como tal y que tiene muchos proyectos en el tintero para realizar allá y acá.
    La periodista dice que aun no se siente realizada como tal y que tiene muchos proyectos en el tintero para realizar allá y acá.
    M: ¿Y cómo surgió la idea de hacer ese programa, con contenido latinoamericano, y cómo fue la experiencia?
    MR: Lo de la radio nació casi sin querer queriendo como diría el Chavo. Un día conocí a una chica en unas clases de tango. Ella era de Venezuela y había terminado su carrera de música. Estaba buscando trabajo. Entonces yo le propuse un intercambio: “yo te hago un video para promocionarte y vos me das clases de danés”. Filmamos, sacamos fotos, pero me faltaba una PC para editar. Mi pareja me habló de este espacio (la radio) que era como una escuela de sonido y técnicos de medios. Fui a preguntar qué podía hacer para acceder a las maquinas, y a cambio tenía mi tiempo y mis ganas de interactuar. Y al día siguiente me llama el director del proyecto y me dice si quería empezar a hacer radio. Yo tocaba el cielo, bailaba, estaba muy contenta. Así que ahí fui, conocí al personal y comencé a hacer radio en vivo. Y muchos de los estudiantes venían a mirar a través de las ventanas lo que se generaba ahí dentro. Una magia. Rompíamos el hielo y le cambiamos el clima al lugar. Era una fiesta. A veces pasaban otros chicos que trabajaban ahí y entraban a la radio,  hacíamos chistes, nos entrevistábamos no sé en qué idioma. A veces nos llamaba gente de la calle, agradecidos de escuchar buena música y algo en español. Después me llamaban para que los entrevistara. Si había algo en Copenhague, me llamaban para decirme “¿me haces una entrevista, que este fin de semana actúo?”. Y así… La verdad, le puse muchas pilas a ese programa. Y uno es feliz cuando la gente te identifica. A veces había gente que en la calle me decía “¿Vos sos Mariana la de la radio, la argentina?”, y conocían mi cara por el Facebook.
    La radio fue una linda manera de pararte abriendo puertas y proponiendo cosas. Y sentirme como en casa. Esa era la idea.
    M: ¿Habías hecho radio en Argentina? ¿Cómo funcionan los medios allá respecto a los nuestros?
    MR: En Argentina también había hecho radio, sobre todo produciendo mis programas y buscando publicidad para bancarlo, o pagarlo desde mi bolsillo. A veces eso me agotaba. Pero también enseña y ayuda para otras cosas. Acá en Dinamarca los medios son del estado y los financia el estado. Y la programación es la que se define. Y en Argentina si se hace eso, dirían que es un comunismo porque el estado financia la televisión pública o las radios. Particularmente, creo que los medios de comunicación deben establecer esos puentes entre las sociedades, los gobiernos y la comunidad. Cuanto más comunicados estemos, mas información tendremos, mas conocimientos poseeremos y mejores decisiones podríamos tomar. La transparencia de la información permitiría por ejemplo controlar más los fondos del estado evitando la corrupción o la monopolización de la palabra del sector privado.
    M: ¿Tenés alguna materia pendiente por cumplir en relación a tu profesión?
    MR: Como periodista no me siento realizada. Tengo muchos proyectos en el tintero, muchas ideas que me encantaría poder realizarlas allá y acá. Hoy por hoy se pueden unir mundos diversos, interactuar entre ellos y circular. El transito permite crecer y ver las cosas como pasajeras, permite tomar y descartar. Evaluar y conciliar. Me gustaría poder tener mi propio medio de comunicación. Tal vez el radial fuera el más simple de ejecutar, el grafico también se puede y poder crecer desde allí, proponiendo  actividades que se diversifiquen y se propaguen a través de la radio o los medios sociales.
    Y como no descansamos, estamos ya proponiendo una nueva etapa radial, un poco más ambiciosa y ya no solamente para la comunidad hispano parlante, sino para la gente que circula, que crea, que propone. Y saldremos al aire a partir de enero. Aun a confirmar los días y horarios, con notables entrevistas y gente hermosa que nos dará su música y su tiempo. Ya lo compartiremos y también esperamos oír de ustedes y charlar en radio. Conocer nuestros sonidos…
    PODES LEER Y VISITAR A MARIANA EN: http://www.reporte-paskin.blogspot.com.ar/

    miércoles, 23 de enero de 2013

    LA DEMOCRAZIA ESTA EN LA LUNA

    Calentando los motores, rompiendo el hielo.-
    Los invito a una nueva propuesta radial
    ESTA NOCHE CON LA LUNA
    miercoles de 22 a 24 hs,
    para todo el mundo
    http://www.mediehusaarhus.dk/145.html
    dicen que se han robado la luna
    y desde ese dia se la busca
    como fuera, llena, redonda, con dos caras, o con ninguna
    Segun dicen, hoy la trae dItalia, el Señor PEPPE PAGANO,
    con su nuevo disco DEMOCRAZIA.-
    (se la llevaron a la luna a la democracia, la tienen los marcianos?)

    la cita es:
    ESTA NOCHE CON LA LUNA
    Y las cosas que se traen en nombre de la luna...
    Te esperamos para ser parte y compartir tus desvelos.-
    Una produccion de Mariana Isadora Rodriguez