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domingo, 8 de junio de 2014

EL MEJOR OFICIO DEL MUNDO. G.G. MARQUEZ


[Discurso ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa -Texto completo.]

Gabriel García Márquez
A una universidad colombiana se le preguntó cuáles son las pruebas de aptitud y vocación que se hacen a quienes desean estudiar periodismo y la respuesta fue terminante: “Los periodistas no son artistas”. Estas reflexiones, por el contrario, se fundan precisamente en la certidumbre de que el periodismo escrito es un género literario.
Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran.
El periódico cabía entonces en tres grandes secciones: noticias, crónicas y reportajes, y notas editoriales. La sección más delicada y de gran prestigio era la editorial. El cargo más desvalido era el de reportero, que tenía al mismo tiempo la connotación de aprendiz y cargaladrillos. El tiempo y el mismo oficio han demostrado que el sistema nervioso del periodismo circula en realidad en sentido contrario. Doy fe: a los diecinueve años -siendo el peor estudiante de derecho- empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso.
La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo... como nosotros mismos lo llamábamos. Alberto Lleras Camargo, que fue periodista siempre y dos veces presidente de Colombia, no era ni siquiera bachiller.
La creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico. Ahora ya no son sólo para la prensa escrita sino para todos los medios inventados y por inventar.
Pero en su expansión se llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social. El resultado, en general, no es alentador. Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las dos condiciones más importantes: la creatividad y la práctica.
La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos. Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor. Algunos, conscientes de sus deficiencias, se sienten defraudados por la escuela y no les tiembla la voz para culpar a sus maestros de no haberles inculcado las virtudes que ahora les reclaman, y en especial la curiosidad por la vida.
Es cierto que estas críticas valen para la educación general, pervertida por la masificación de escuelas que siguen la línea viciada de lo informativo en vez de lo formativo. Pero en el caso específico del periodismo parece ser, además, que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Es decir, las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado. Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante.
No es fácil entender que el esplendor tecnológico y el vértigo de las comunicaciones, que tanto deseábamos en nuestros tiempos, hayan servido para anticipar y agravar la agonía cotidiana de la hora del cierre. Los principiantes se quejan de que los editores les conceden tres horas para una tarea que en el momento de la verdad es imposible en menos de seis, que les ordenan material para dos columnas y a la hora de la verdad sólo les asignan media, y en el pánico del cierre nadie tiene tiempo ni humor para explicarles por qué, y menos para darles una palabra de consuelo. “Ni siquiera nos regañan”, dice un reportero novato ansioso de comunicación directa con sus jefes. Nada: el editor que antes era un papá sabio y compasivo, apenas si tiene fuerzas y tiempo para sobrevivir él mismo a las galeras de la tecnología.
Creo que es la prisa y la restricción del espacio lo que ha minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como el género estrella, pero que es también el que requiere más tiempo, más investigación, más reflexión, y un dominio certero del arte de escribir. Es en realidad la reconstitución minuciosa y verídica del hecho. Es decir: la noticia completa, tal como sucedió en la realidad, para que el lector la conozca como si hubiera estado en el lugar de los hechos.
Antes que se inventaran el teletipo y el télex, un operador de radio con vocación de mártir capturaba al vuelo las noticias del mundo entre silbidos siderales, y un redactor erudito las elaboraba completas con pormenores y antecedentes, como se reconstruye el esqueleto entero de un dinosaurio a partir de una vértebra. Sólo la interpretación estaba vedada, porque era un dominio sagrado del director, cuyos editoriales se presumían escritos por él, aunque no lo fueran, y casi siempre con caligrafías célebres por lo enmarañadas. Directores históricos tenían linotipistas personales para descifrarlas.
Un avance importante en este medio siglo es que ahora se comenta y se opina en la noticia y en el reportaje, y se enriquece el editorial con datos informativos. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores, pues nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio. El empleo desaforado de comillas en declaraciones falsas o ciertas permite equívocos inocentes o deliberados, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal. Las citas de fuentes que merecen entero crédito, de personas generalmente bien informadas o de altos funcionarios que pidieron no revelar su nombre, o de observadores que todo lo saben y que nadie ve, amparan toda clase de agravios impunes. Pero el culpable se atrinchera en su derecho de no revelar la fuente, sin preguntarse si él mismo no es un instrumento fácil de esa fuente que le transmitió la información como quiso y arreglada como más le convino. Yo creo que sí: el mal periodista piensa que su fuente es su vida misma -sobre todo si es oficial- y por eso la sacraliza, la consiente, la protege, y termina por establecer con ella una peligrosa relación de complicidad, que lo lleva inclusive a menospreciar la decencia de la segunda fuente.
Aun a riesgo de ser demasiado anecdótico, creo que hay otro gran culpable en este drama: la grabadora. Antes de que ésta se inventara, el oficio se hacía bien con tres recursos de trabajo que en realidad eran uno sólo: la libreta de notas, una ética a toda prueba, y un par de oídos que los reporteros usábamos todavía para oír lo que nos decían. El manejo profesional y ético de la grabadora está por inventar. Alguien tendría que enseñarles a los colegas jóvenes que la casete no es un sustituto de la memoria, sino una evolución de la humilde libreta de apuntes que tan buenos servicios prestó en los orígenes del oficio. La grabadora oye pero no escucha, repite -como un loro digital- pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral. Para la radio tiene la enorme ventaja de la literalidad y la inmediatez, pero muchos entrevistadores no escuchan las respuestas por pensar en la pregunta siguiente.
La grabadora es la culpable de la magnificación viciosa de la entrevista. La radio y la televisión, por su naturaleza misma, la convirtieron en el género supremo, pero también la prensa escrita parece compartir la idea equivocada de que la voz de la verdad no es tanto la del periodista que vio como la del entrevistado que declaró. Para muchos redactores de periódicos la transcripción es la prueba de fuego: confunden el sonido de las palabras, tropiezan con la semántica, naufragan en la ortografía y mueren por el infarto de la sintaxis. Tal vez la solución sea que se vuelva a la pobre libretita de notas para que el periodista vaya editando con su inteligencia a medida que escucha, y le deje a la grabadora su verdadera categoría de testigo invaluable. De todos modos, es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional.
Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo. Claro que deben persistir en sus programas humanísticos, aunque menos ambiciosos y perentorios, para contribuir a la base cultural que los alumnos no llevan del bachillerato. Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón.
El objetivo final debería ser el retorno al sistema primario de enseñanza mediante talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas, y en su marco original de servicio público. Es decir: rescatar para el aprendizaje el espíritu de la tertulia de las cinco de la tarde.
Un grupo de periodistas independientes estamos tratando de hacerlo para toda la América Latina desde Cartagena de Indias, con un sistema de talleres experimentales e itinerantes que lleva el nombre nada modesto de Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es una experiencia piloto con periodistas nuevos para trabajar sobre una especialidad específica -reportaje, edición, entrevistas de radio y televisión, y tantas otras- bajo la dirección de un veterano del oficio.
En respuesta a una convocatoria pública de la Fundación, los candidatos son propuestos por el medio en que trabajan, el cual corre con los gastos del viaje, la estancia y la matrícula. Deben ser menores de treinta años, tener una experiencia mínima de tres, y acreditar su aptitud y el grado de dominio de su especialidad con muestras de las que ellos mismos consideren sus mejores y sus peores obras.
La duración de cada taller depende de la disponibilidad del maestro invitado -que escasas veces puede ser de más de una semana-, y éste no pretende ilustrar a sus talleristas con dogmas teóricos y prejuicios académicos, sino foguearlos en mesa redonda con ejercicios prácticos, para tratar de transmitirles sus experiencias en la carpintería del oficio. Pues el propósito no es enseñar a ser periodistas, sino mejorar con la práctica a los que ya lo son. No se hacen exámenes ni evaluaciones finales, ni se expiden diplomas ni certificados de ninguna clase: la vida se encargará de decidir quién sirve y quién no sirve.
Trescientos veinte periodistas jóvenes de once países han participado en veintisiete talleres en sólo año y medio de vida de la Fundación, conducidos por veteranos de diez nacionalidades. Los inauguró Alma Guillermoprieto con dos talleres de crónica y reportaje. Terry Anderson dirigió otro sobre información en situaciones de peligro, con la colaboración de un general de las Fuerzas Armadas que señaló muy bien los límites entre el heroísmo y el suicidio. Tomás Eloy Martínez, nuestro cómplice más fiel y encarnizado, hizo un taller de edición y más tarde otro de periodismo en tiempos de crisis. Phil Bennet hizo el suyo sobre las tendencias de la prensa en los Estados Unidos y Stephen Ferry lo hizo sobre fotografía. El magnifico Horacio Bervitsky y el acucioso Tim Golden exploraron distintas áreas del periodismo investigativo, y el español Miguel Ángel Bastenier dirigió un seminario de periodismo internacional y fascinó a sus talleristas con un análisis crítico y brillante de la prensa europea.
Uno de gerentes frente a redactores tuvo resultados muy positivos, y soñamos con convocar el año entrante un intercambio masivo de experiencias en ediciones dominicales entre editores de medio mundo. Yo mismo he incurrido varias veces en la tentación de convencer a los talleristas de que un reportaje magistral puede ennoblecer a la prensa con los gérmenes diáfanos de la poesía.
Los beneficios cosechados hasta ahora no son fáciles de evaluar desde un punto de vista pedagógico, pero consideramos como síntomas alentadores el entusiasmo creciente de los talleristas, que son ya un fermento multiplicador del inconformismo y la subversión creativa dentro de sus medios, compartido en muchos casos por sus directivas. El solo hecho de lograr que veinte periodistas de distintos países se reúnan a conversar cinco días sobre el oficio ya es un logro para ellos y para el periodismo. Pues al fin y al cabo no estamos proponiendo un nuevo modo de enseñarlo, sino tratando de inventar otra vez el viejo modo de aprenderlo.
Los medios harían bien en apoyar esta operación de rescate. Ya sea en sus salas de redacción, o con escenarios construidos a propósito, como los simuladores aéreos que reproducen todos los incidentes del vuelo para que los estudiantes aprendan a sortear los desastres antes de que se los encuentren de verdad atravesados en la vida. Pues el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.
FIN
Discurso ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Los Ángeles, EE.UU., 7 octubre 1996.

lunes, 21 de abril de 2014

 ANEXO: "CARTA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ A GEORGE W. BUSH"

"¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu patio y no en el living del vecino? ¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico que provocan el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios que se derrumban, ese terrible olor que se mete hasta el fondo en los pulmones, los ojos de los inocentes que caminan cubiertos de sangre y polvo?

¿Cómo se vive por un día en tu propia casa la incertidumbre de lo que va a pasar? ¿Cómo se sale del estado de shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del Enola Gay dejara caer la bomba. En pocos segundos habían muerto 80. 000 hombres mujeres y niños. Otros 250. 000 morirían en los años siguientes a causa de las radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la televisión.

¿Cómo se siente hoy el horror cuando las terribles imágenes de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de septiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro 11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes habían planeado. También fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus marines salían a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista.

¿Sabías que entre 1824 y 1994 tu país llevó a cabo 73 invasiones a países de América Latina? Las víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El Salvador, Guatemala y Granada.

Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el comienzo del siglo XX, casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentágono no hubiera participado. Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl Harbor cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en 1941. Pero siempre el horror estuvo lejos.

Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo en medio del polvo, cuando viste las imágenes por televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan, la gente caía desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas. En Vietnam, la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caían en un salto desesperado al vacío.

Tu aviación no dejó una fábrica en pie ni un puente sin destruir en Yugoslavia. En Irak fueron 500. 000 los muertos. Medio millón de almas se llevó la Operación Tormenta del Desierto... ¿Cuánta gente desangrada en lugares tan exóticos y lejanos como Vietnam, Irak, Irán, Afganistán, Libia, Angola, Somalia, Congo, Nicaragua, Dominicana, Camboya, Yugoslavia, Sudán, y una lista interminable? En todos esos lugares los proyectiles habían sido fabricados en factorías de tu país, y eran apuntados por tus muchachos, por gente pagada por tu Departamento de Estado, y sólo para que tu pudieras seguir gozando de la forma de vida americana.

Hace casi un siglo que tu país está en guerra con todo el mundo. Curiosamente, tus gobernantes lanzan los jinetes del Apocalipsis en nombre de la libertad y de la democracia. Pero debes saber que para muchos pueblos del mundo (en este planeta donde cada día mueren 24. 000 pobladores por hambre o enfermedades curables), Estados Unidos no representa la libertad, sino un enemigo lejano y terrible que sólo siembra guerra, hambre, miedo y destrucción. Siempre han sido conflictos bélicos lejanos para ti, pero para quienes viven allá es una dolorosa realidad cercana, una guerra donde los edificios se desploman bajo las bombas y donde esa gente encuentra una muerte horrible. Y las víctimas han sido, en el 90 por ciento, civiles, mujeres, ancianos, niños efectos colaterales.

¿Qué se siente cuando el horror golpea a tu puerta aunque sea por un sólo día? ¿Qué se piensa cuando las víctimas en Nueva York son secretarias, operadores de bolsa o empleados de limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron una mosca?

¿Cómo se siente el miedo? ¿Cómo se siente, yanqui, saber que la larga guerra finalmente el 11 de septiembre llegó a tu casa? "



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viernes, 20 de diciembre de 2013

http://revistamagna.com.ar/periodismo-a-la-vikinga-entrevista-a-mariana-periodista-argentina-residente-en-dinamarca/


¡Periodismo a la vikinga!: Entrevista a Mariana, periodista argentina residente en Dinamarca
Desde Copenhague, Dinamarca, Mariana Rodríguez nos cuenta un poco sobre su vida profesional en un país tan distante y diferente a su tierra natal. ¿Querés conocer su historia? Pasá.
Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar
Mariana Rodríguez es argentina, más precisamente marplatense, aunque me aclara en un mail que si bien nació en “La Feliz” donde aún tiene a su familia, ha vivido en varios lugares más: San Nicolás de los Arroyos, Concordia, Choele Choel, Quemú Quemú, Balcarce, Gobernador Crespo, Santa Fe, Villa Libertador San Martin, Entre Ríos, La Plata y Capital Federal. Un espíritu nómade se podría decir, o grandes ansias de conocer lugares, gente y aprender.
"Es muy dura la población danesa en aceptar competencias profesionales", explica Mariana.
“Es muy dura la población danesa en aceptar competencias profesionales”, explica Mariana.
Por estas cosas de Facebook y su mundo interminable de grupos y páginas, conocí su historia. En un grupo sobre argentinos en Dinamarca al cual entré en una búsqueda personal me topé con Mariana y sus comentarios, en donde deduje – y luego corroboré- que era periodista y comunicadora social. Esto fue algo que me llamó la atención inmediatamente, no sólo por ser trabajadores del mismo ámbito, sino por la curiosidad que me provocó saber que hay latinos haciendo periodismo en un país tan lejano y culturalmente diferente como es Dinamarca y demás países escandinavos. Imaginando que detrás de ella había una historia y un espíritu interesante, me dispuse a hacerle una entrevista mediada por los dispositivos tecnológicos y la internet, a la cual amablemente accedió.
Magna: Mariana, ¿Cómo y cuándo decidiste irte a Dinamarca?
Mariana Rodríguez: Me vine a Dinamarca en el 2008, por primera vez. Me enamore de un danés y vivimos un tiempo en Argentina juntos. Después yo viajé a Dinamarca. Nos casamos y también nos divorciamos un tiempo después, aunque tenemos una profunda y sincera amistad.
Venirme no fue una decisión simple. Muchos cambios y muchas cosas. No todas las cosas que imaginé ocurrieron tal cual, ni tampoco hubiese pensado que costaría tantas pérdidas y nostalgias, tanto empezar de cero. Es muy dura la población danesa en aceptar competencias profesionales, son muy rígidos y muy poco abiertos al intercambio. Eso es un tema muy difícil. Porque afuera uno vive siempre con una profunda nostalgia y nunca se es local cuando creciste en otro lugar. El desarraigo es constante, porque estas acá y no sos de acá. Pero es una interesante experiencia vivir un tiempo en otro lugar.
M: ¿Cómo es ser periodista en Dinamarca siendo “latina”? Imagino que debe tener sus inconvenientes, entre ellos el idioma. ¿Es muy diferente la labor del periodista en Dinamarca respecto a Argentina?
MR: Ser periodista en Argentina te abre un universo de posibilidades laborales. Quizás no directamente en los medios de comunicación pero sí en muchas empresas, sectores. El abanico es amplio y muy bien considerado, aunque claro, abrirte paso entre los medios de comunicación suele ser una inversión constante. Porque en muchos medios chicos no te pagan en Argentina, y es como que periodista puede ser cualquiera que es famoso y se confunden algunos tantos.
Como periodista o comunicadora es difícil trabajar en otro país con otro idioma. El trabajo del comunicador es la palabra y cuando faltan, te sentís mudo porque no podes decir lo que quieras y no podes participar en la vida pública y social. Cuesta mucho hacerse entender, que te escuchen.
Ante el problema de la palabra me dediqué a la imagen, que es otra manera de comunicar con un recurso aceptado por todos y completamente claro.
Acá en Dinamarca he creado mis espacios ni bien puse los pies aquí. Por casualidad había llegado a un estudio de radio, la recorrí, pregunté y me dijeron “¿querés hacer radio?”, y ahí dije ¡claro que sí! Y en mi idioma. Así que ahí cree Horizonte Latinoamericano. En un momento éramos la única radio en español en Escandinavia. Después comencé a hostigar para utilizar la web y transmitir on-line, porque así teníamos más posibilidades de llegar a más gente, y me ponían muchos peros. Hasta que al final accedieron a transmitir por la web. En ese momento fue el único programa radial en español por la web en el norte de Europa. Aunque nunca se me reconoció la idea ni el estimulo. Igual estoy contenta porque muchas de las cosas que fui proponiendo las fueron realizando, aunque no conmigo. Es como que les cuesta aceptar que una persona de Latinoamérica puede tener ideas, visiones, y aportar soluciones. Una cuestión de Darwinismo profesional. Uno aprende también que no todos los que hablamos el mismo idioma tenemos la misma ética profesional, y no todos periodistas compartimos una mirada crítica de la realidad. Eso pasa acá y allá. Es parte del oficio y del trabajo.
La periodista dice que aun no se siente realizada como tal y que tiene muchos proyectos en el tintero para realizar allá y acá.
La periodista dice que aun no se siente realizada como tal y que tiene muchos proyectos en el tintero para realizar allá y acá.
M: ¿Y cómo surgió la idea de hacer ese programa, con contenido latinoamericano, y cómo fue la experiencia?
MR: Lo de la radio nació casi sin querer queriendo como diría el Chavo. Un día conocí a una chica en unas clases de tango. Ella era de Venezuela y había terminado su carrera de música. Estaba buscando trabajo. Entonces yo le propuse un intercambio: “yo te hago un video para promocionarte y vos me das clases de danés”. Filmamos, sacamos fotos, pero me faltaba una PC para editar. Mi pareja me habló de este espacio (la radio) que era como una escuela de sonido y técnicos de medios. Fui a preguntar qué podía hacer para acceder a las maquinas, y a cambio tenía mi tiempo y mis ganas de interactuar. Y al día siguiente me llama el director del proyecto y me dice si quería empezar a hacer radio. Yo tocaba el cielo, bailaba, estaba muy contenta. Así que ahí fui, conocí al personal y comencé a hacer radio en vivo. Y muchos de los estudiantes venían a mirar a través de las ventanas lo que se generaba ahí dentro. Una magia. Rompíamos el hielo y le cambiamos el clima al lugar. Era una fiesta. A veces pasaban otros chicos que trabajaban ahí y entraban a la radio,  hacíamos chistes, nos entrevistábamos no sé en qué idioma. A veces nos llamaba gente de la calle, agradecidos de escuchar buena música y algo en español. Después me llamaban para que los entrevistara. Si había algo en Copenhague, me llamaban para decirme “¿me haces una entrevista, que este fin de semana actúo?”. Y así… La verdad, le puse muchas pilas a ese programa. Y uno es feliz cuando la gente te identifica. A veces había gente que en la calle me decía “¿Vos sos Mariana la de la radio, la argentina?”, y conocían mi cara por el Facebook.
La radio fue una linda manera de pararte abriendo puertas y proponiendo cosas. Y sentirme como en casa. Esa era la idea.
M: ¿Habías hecho radio en Argentina? ¿Cómo funcionan los medios allá respecto a los nuestros?
MR: En Argentina también había hecho radio, sobre todo produciendo mis programas y buscando publicidad para bancarlo, o pagarlo desde mi bolsillo. A veces eso me agotaba. Pero también enseña y ayuda para otras cosas. Acá en Dinamarca los medios son del estado y los financia el estado. Y la programación es la que se define. Y en Argentina si se hace eso, dirían que es un comunismo porque el estado financia la televisión pública o las radios. Particularmente, creo que los medios de comunicación deben establecer esos puentes entre las sociedades, los gobiernos y la comunidad. Cuanto más comunicados estemos, mas información tendremos, mas conocimientos poseeremos y mejores decisiones podríamos tomar. La transparencia de la información permitiría por ejemplo controlar más los fondos del estado evitando la corrupción o la monopolización de la palabra del sector privado.
M: ¿Tenés alguna materia pendiente por cumplir en relación a tu profesión?
MR: Como periodista no me siento realizada. Tengo muchos proyectos en el tintero, muchas ideas que me encantaría poder realizarlas allá y acá. Hoy por hoy se pueden unir mundos diversos, interactuar entre ellos y circular. El transito permite crecer y ver las cosas como pasajeras, permite tomar y descartar. Evaluar y conciliar. Me gustaría poder tener mi propio medio de comunicación. Tal vez el radial fuera el más simple de ejecutar, el grafico también se puede y poder crecer desde allí, proponiendo  actividades que se diversifiquen y se propaguen a través de la radio o los medios sociales.
Y como no descansamos, estamos ya proponiendo una nueva etapa radial, un poco más ambiciosa y ya no solamente para la comunidad hispano parlante, sino para la gente que circula, que crea, que propone. Y saldremos al aire a partir de enero. Aun a confirmar los días y horarios, con notables entrevistas y gente hermosa que nos dará su música y su tiempo. Ya lo compartiremos y también esperamos oír de ustedes y charlar en radio. Conocer nuestros sonidos…
PODES LEER Y VISITAR A MARIANA EN: http://www.reporte-paskin.blogspot.com.ar/

miércoles, 23 de enero de 2013

LA DEMOCRAZIA ESTA EN LA LUNA

Calentando los motores, rompiendo el hielo.-
Los invito a una nueva propuesta radial
ESTA NOCHE CON LA LUNA
miercoles de 22 a 24 hs,
para todo el mundo
http://www.mediehusaarhus.dk/145.html
dicen que se han robado la luna
y desde ese dia se la busca
como fuera, llena, redonda, con dos caras, o con ninguna
Segun dicen, hoy la trae dItalia, el Señor PEPPE PAGANO,
con su nuevo disco DEMOCRAZIA.-
(se la llevaron a la luna a la democracia, la tienen los marcianos?)

la cita es:
ESTA NOCHE CON LA LUNA
Y las cosas que se traen en nombre de la luna...
Te esperamos para ser parte y compartir tus desvelos.-
Una produccion de Mariana Isadora Rodriguez

miércoles, 7 de noviembre de 2012

EL TANGO


EL TANGO

UNA IDENTIDAD EN PERMANENTE EVOLUCION
 

“La identidad, a partir de entenderla como una construcción simbólica que se hace en relación con un referente, por lo tanto, en el contexto de la globalización los referentes se han diversificado y difundido a nivel mundial, de ahí que se estén creando identidades transnacionales.”
(Entrevista con Renato Ortiz, 2012, modulo 1, curso Globalización, consumo e identidades en Latino América, CAICYT CONICET (
http://ecursos.caicyt.gov.ar), Argentina.)

El arte,  una identidad en transito

 El arte manifestado por el hombre, recreado, asimilado, apropiado, reproducido crece en  el tiempo y se alimenta  de las diversidades que lo transitan social e históricamente.-

Como manifestación humana,  da cuenta  del momento histórico en el que acontece y que al mismo tiempo se re significa continuamente en el devenir del tiempo. Cobra múltiples sentidos al ser exhibido, contemplado, decodificado y codificado nuevamente por  los hombres,  como fruto de una identidad cultural,   en  un universo de significantes y re-significantes en continua  construcción de sentidos. Que se yuxtaponen y se dispersan como moléculas en el universo de posibilidades.-   

Es allí,  cuando se exhibe, donde cobra dimensión de significados diversos, a travesados por múltiples factores, multiplicidad de culturas que re significan  los símbolos y vuelven a  construir  nuevos significantes. Pero allí,  permanece la obra de arte, la pieza musical, el cuadro, la estatua, la danza, la canción,  como si fuera un instante congelado de lo que fue y un testigo mudo de lo que es,  aguardando el porvenir.-

Es en el arte,  donde el hombre, con conciencia de su entorno, puede pensarse a si mismo.  Reflejar su cultura,   apropiarse de los símbolos  y  enajenarse de ellos.-  Trascender,  permanecer, resurgir, en la interpretación de los inconscientes individuales y colectivos. En el flujo y el reflujo, en la sístole y la diástole de la historia que lo alimente y lo retro- alimenta,  lo construye y lo re-construye.-

El arte  es una  construcción simbólica, que nace de manera simultánea en múltiples contextos. Se manifiesta y crece con el transito continuo de las personas,  atravesando  tiempo y   espacios. La  identidad  se da por afinidad, o por rechazo, por tendencias, por búsquedas, casualidades, por temporalidad, por nostalgias, etc.  Una identidad que aporta y recibe, que crece con el intercambio.  Que se manifiesta en la diversidad de afluentes  que la dispersan y la juntan nuevamente.-

Que a su vez,  se  apropia y expulsa las manifestaciones que la cuestionan, que la ridiculizan y la problematizan.  Pero allí esta el arte, que no puede cegar a los ojos que lo miren, ni callar a las bocas que la silben, ni  mutilar a  los cuerpos que se estremezcan por solo contemplarlos.-

Días atrás, me encontraba visitando Florencia y  allí entre tantas iglesias la estatua del David, sin ropa e impúdico. Poco religioso y muy altivo. Lo miraba y miraba la multiplicidad de personas que circulaban por allí, tomando fotos sin parar. Y el David ahí, parado, desnudo. En una Italia llena de pudores, de muros y de clérigos penitentes.  El desafío de una estatua que podía manifestar la molestia ante tantos atavíos y lucir como una obra estupenda en   una piedra labrada.-

Que habrá querido decir, que habrá querido manifestar su autor en semejante provocación? Me pregunto yo  una argentina,  que puede contemplar esto y preguntarse, dentro de un universo posible, caracterizado  por la cultura de origen, a varios cientos de años de esa creación  artística,  como símbolo de la epopeya de una época,  que trasciende todo contexto y  los múltiples aconteceres temporales y simultáneos.

            Y seguí dando vueltas, por esa ciudad invadida por  turistas. De repente,   el sonido de un bandoneón me sorprendió, en una interpretación de un tango de Piazzolla. Me quede  pensando en que estaba  escuchando un tango, en este lugar del mundo,  donde cientos de personas lo estaban  escuchando  aquí y ahora, (en ese momento que ya es pasado)   en la misma plaza y, seguramente,  millones de personas en el mundo lo estarían escuchando  en este mismo segundo y en muy diversas situaciones y desde diferentes soportes tecnológicos y humanos.-

            He aquí compañeros,  bienvenidos a la globalización, a los espacios de transito y  a las situaciones instantáneas, efímeras que confluyen y dispersan. Que incluyen y excluyen, que armonizan y desentonan. Al arte que permanece y trasciende, y al que se construye y destruye y esta en permanente circulación.-

Que  aconteció,   para  que este devenir genérico,  pudiera producir una identidad?  Y que siguiendo el curso de la historia,  pueda recrearse y reinventarse constantemente en  una pieza no se termina de escribir. Y generar nuevas tendencias, nuevos tangos,  con diferencias influencias, nuevos interpretes y  ser parte de la  industria cultural  que tiene como materia prima la identidad?   Y que   pueda ser consumido por públicos distantes geográficamente, en universos diferentes y parecidos.

El tango, una manifestación artística,  en continua transformación, en constante evolución.   Inconcluso, como la novena sinfonía de Beethoven.    Podríamos  plantearlo,  como  producto  de una identidad formada por múltiples identidades, en un flujo y re-flujo continuo.- Dentro de las fronteras de la nueva identidad rio platense,  que buscaba emanciparse en la literatura, en el arte. Y que no terminaba de liberarse de ciertos patrones derivados, de las culturas predominantes.- En ese contexto surge  el tango,  como un grito y  que venia desde la orillas, desde los espacios de  la  exclusión y la marginación. 

El ritmo de esta  historia    

Es el tango, un género musical,  que surge con las ampliaciones de las fronteras en  las primeras manifestaciones económicas de globalización Colonial. En la que confluyen varios fenómenos.-

Por un lado,  la búsqueda de símbolos que identificaran al sentir rio platense,  con símbolos propios,  autóctonos de la región y de los nuevos países conformados. Símbolos que debían constituir una identidad Argentina.  Así se  fueron creando símbolos  e instituciones nacionales propios,  se adopto el Himno Nacional, la Bandera, el Escudo, la Constitución Nacional, etc. Surge la literatura criolla,  la música,  la danza y múltiples expresiones artísticas.

Por su parte también, se da un reclamo de   “americanismo cultural”-(que describe  Carlos Altamirano:

 “Esto es: el reclamo de una literatura y pensamiento propios. … el discurso de los románticos rioplatenses nos dejara ver, así mismo, los problemas de circunscribir una identidad que se quería a la vez americana y criolla en el marco de las identidades recibidas”.-  Había que abandonar entonces la imitación, recomienda, también Altamirano,- “y antes que nada la imitación de esa cultura intelectual de imitación que era la española para alcanzar una ilustración propia”.-  Carlos Altamirano, curso:  Globalización, Consumo e identidades en Latino América, modulo 3ª, cohorte 9 - CAICYT CONICET (http://ecursos.caicyt.gov.ar), Argentina .


La  elite criolla,  buscaba esa emancipación en las letras, en la  intelectualidad, para diferenciarse   y poder  re- crearse con una identidad propia como sujetos nuevos con identidad propia. Genera una nueva literatura con personas propios y un estilo particular que se diferencia también, por el lenguaje utilizado. Un nuevo lenguaje, el de la barbarie, el de las pampas apenas conocidas, de  límites en plena extensión.- Así tenemos narraciones como El Martin Fierro, con su lenguaje mestizado entre la relación de guacho y el indio. O la  historia de Juan Moreira, de Eduardo Gutiérrez, otra historia de guacho marginado y sufrido, viviendo en la fronteras, en los suburbios o en los poblados alejados, de los centros urbanos. Que también da cuenta de la otra frontera, la de más lejos, la de la pampa desconocida. La de la barbarie.- (solo por poner algunos ejemplos.)

Por otro lado, dentro de la floreciente Buenos Aires,  van llegando barcos con miles de migrantes de la Europa en crisis.  Personas que venían a buscar oportunidades,  otras que huían de su pasado, también estaban las   que olvidaban sus rencores y las que querían narrar su propia historia.

En este universo de identidades diversas, de acentos múltiples, de edades dispares, de pasados desconocidos,  de talentos nuevos.  Se va generando, de manera necesaria y espontanea la  socialización. Y en consecuencia,  se van construyendo espacios, con características muy particulares, diferentes y únicas.- Lo que allí se genero  fue el  producto de la  convivencia entre la diversidad.-

Lo que conocemos de allí, es la historia contada, y curiosamente  cantada por aquellos primeros tangos.- Historias narradas en lunfardo, ese  lenguaje particular y distintivo.- Cargado de símbolos y de códigos propios,  de la zona compartida  entre   los suburbios de dos grandes ciudades rioplatenses como son Buenos Aires y Montevideo.-

 
El tango

Fabriqueras, malandras, curdelones: /  un matón de verdad de vez en cuando/

La resaca social de cien naciones/la miseria y la mugre vegetando

Celedonio Flores.- fragmento extraído de la revista LA MAGA,  HOMENAJE A PUGLIESE,  julio 1996,  NUM 22, pág. 3. Buenos Aires

Una identidad que nace a partir de la diversidad de migrantes que llegaban a nuestros puertos, en busca de nuevos horizontes, que podían narrar  su historias y seguro una primera historia y compartida por los grupos que  comenzaban a reunirse.- Para luego,  ser reproducida, recreada, contada, rechazada, excluida.-  Y  luego aceptada como historia.  Y desde allí,  interpretada en todos los idiomas posibles, con diferentes usos simbólicos, con múltiples sensibilidades e infinidad de identificaciones.-

El tango, Arrancado de su matriz, del lugar que lo engendro, del espacio que lo enmarco, que le dio vida, llega a Francia y se reconoce Argentino. Como autentico rioplatense. Como hijo bastardo de una cultura que le costó reconocer como propia identidad.

Es así,  como nos remontamos a los orígenes de este género musical conocido como Tango. Reconocido mundialmente  como música típica de  Argentina. Con maternidad compartida entre  las orillas de Buenos aires y Montevideo, antes que fueran dos países atravesados por un rio.-  

 

Buenos Aires una ciudad de    múltiples   identidades

 -“La aldea porteña se hace múltiple, con una identidad fragmentada en diferentes idiomas, mezcla de italiano pobre, de polacos, de griegos, de croatas, en su mayoría hombres sin familia. En sus bultos llegaba la ignorancia, el hambre, pero también libros, partituras e instrumentos, el deseo de una conquista y el regreso a su tierra natal.- Entonces Buenos Aires, es el lugar de transito: cosechar y después partir. Mientras tanto la vida se va haciendo en los conventillos, en la calle, en los oficios.- La ciudad se quintuplica y lo que era frontera se hace arrabal y el descampado, barrio.-  La oligarquía  local, que gobierna desde siempre, desespera de nacionalismo ante tanta barbarie migratoria.- El proyecto pedagógico que Sarmiento había pensado parece desvanecerse…-“  describe Gustavo Varela en la Revista Ñ, 18 de junio de 2005. En el articulo La ciudad que camino Gardel.-

 

 Llegaban a los puertos,   barcos repletos de migrantes italianos, polacos, ingleses, que eran traídos para trabajar en el tendido de rieles del ferrocarril, en las construcciones de la floreciente argentina.  Aunque venían con la promesa de casa y trabajo. Estos migrantes lograban anidarse en casas precarias, inquilinatos y pensiones,  en los barrios de San Telmo, Monserrat, Pompeya,  entre  otros.  Intercambiando costumbres, datos, cotidianeidades,    con  los pocos negros que habían  quedado tras la   guerra del Paraguay y el brote de fiebre amarilla.-

 Esta mezcla de costumbres y culturas, de convivencia entre identidades. De búsquedas y encuentros.- De soledades y fugas.- Darían origen al tango como una identidad nacida de múltiples ritmos, diversos instrumentos, y una nueva canción de origen humilde y marginal.-

 Tiene su propia poesía y su propia identidad.  Una identidad que comienza a sublevarse de las elites criollas, que a su vez se habían sublevada de la corona española. Y va creando desde las orillas, de esa  Buenos Aires ilustrada,  historias de personajes, con características aguerridas.  Con cierta plasticidad de movimientos.- Un poco tramposo y oportunista. Peleador y embustero.-  Se van identificando desde la  exclusión y la marginación de lo refinado, pulcro y culto.  Mezclando  personajes  con    características pampeanas de la literatura gauchesca  y con   costumbres urbanas.-

 

El títere, Jorge Luis Borges

“A un compadrito le canto/Que era el patrón y el  ornato

De las casas menos santas /del barrio de triunvirato.

Atildado en el vestir, /Medio mandón en el trato;

Negro el chambergo. / Negro el charol del zapato.-

Como luz para el manejo/Le firmaba el garabato

En la cara al mas garifo, / de un solo brinco, a lo gato.

Bailarín y jugador, /No se si chino o mulato,

Lo mimaba el conventillo, /Que hoy se llama inquilinato.

A las pardas zaguaneras / No les resultaba ingrato

El amor de ese valiente, /Que le dio tan buenos ratos.-

El hombre,  según se sabe, /Tiene firmado un contrato

Con la muerte en cada esquina /Lo anda acechando el mal rato.-

Un balazo lo tumbo /En Thames y Triunvirato;

Se mudo a un barrio vecino /El de la quinta de Ñato.”

 

La danza, una identidad con idas y vueltas  

La danza  en el tango  Argentino,  es también   un proceso de construcción y de reconstrucción constante.  La danza,  como manifestación de la cultura, traídas por los migrantes y sus pertenencias, confluyeron en las ciudades. Múltiples rituales y manifestaciones humanas,   se fueron amalgamando de diversas maneras,  en un mismo baile, de ritmos diversos. Una danza que ya no era igual  y si parecida.-

 Una danza que encuentra en  el tango, la manifestación de  lo prohibido, de la cultura escondida, en los rincones de la noche. Que manifiesta el deseo de la belleza arrabalera.

 

“Había  dos tipos de danza.  -Nos relata el periodista y escritor Roberto Selles, - Una reposa, mas al estilo del minué. Y otra muy rítmica que hacían  los negros que venían de Haití. En cuba a esa danza con ritmo de tango, la van a llamar sencillamente Tango. Es el primer género que se extiende a otros países de latino América. Hay tangos de negros en México, Venezuela Brasil, Perú, etc. Es el tango que en Cuba,  van a  tomar los viajeros de Cádiz. Porque Cádiz ejercía el comercio entre España y colonias de América. Y allí se  transforma y nace un nuevo tipo de Tango que es el tango de  Cádiz. Que se va a convertir después, en el tango flamenco y va a pasar a convertirse, a su vez, en el tango de teatro. Que es el que llega a Buenos aires,  con las compañías de Zarzuelas en el año  1854”.

 

 

Lenguaje de arrabal,  el lunfardo

El lenguaje,   marca las zonas de exclusión y pertenencia. Es el lunfardo el lenguaje  que surge desde  la  frontera de  la ciudad  ilustrada y culta. Es el nuevo dialecto de los  barrios periféricos, de las zonas silenciadas. Que   combina acentos con experiencias, secretos con picardías y van marcando las zonas de pertenencia y exclusión, a través de las referencias de códigos compartidos.   Un lenguaje popular, muy grafico, alusivo, cargado de metáforas, lleno de ironías.  

“El lenguaje culto,  no es frecuente en las letras de tango. Trascendida la etapa ingenua de los peringundines y superado el ciclo lunfardesco, del cabaret, el tango se convierte en el amplio receptáculo de la inspiración popular. El lenguaje, pese a ciertas recaídas herméticas se aclara; los temas se multiplican; el funcionalismo cultural se va precisando con definido sesgo. El tango es ahora un comodín que expresa las alegrías, las tristezas, las inquietudes, las chabacanerías y los prejuicios del pueblo. Las letras cantan a todas las instancias de la complejidad vital; la civilización de masas asoma en ellas su proa maciza y plasma, de modo sumario pero total, una ética, una estética, una sociología, una axiología y una metafísica populares".

 Párrafo extraído del site: http://www.museodecera.com.ar/El%20Tango.htm

 

Evaristo Carriego, el primer gran poeta de los barrios populares de Buenos Aires, lo testifica, alrededor de 1906, en su poema El alma del suburbio:

“En la calle la buena gente derrocha/ sus guarangos decires más lisonjeros, /porque al compás de un tango que es "La morocha / lucen ágiles cortes dos orilleros.”

 

Industrias culturales

 

“El alcance de las industrias culturales es mundial y por eso tienen la capacidad de producir sentidos plurales, no un sentido, sino sentidos a partir de lo local, de lo nacional y de lo global.” - Renato Ortiz, entrevista. Curso: Globalización, Consumo e identidades en Latino América, modulo 1, cohorte 9, 2012 - CAICYT CONICET (http://ecursos.caicyt.gov.ar), Argentina.

Hoy, por hoy, el tango como género artístico, que surge en determinado momento histórico, que se  forja desde la periferia, construida desde  la diversidad individual y colectiva.  Es un genero musical que por si solo, ya es una definición de multiculturalidad, que genera una  identidad a partir de las diferencias, en un mundo totalmente globalizado.- Que  lucha, en cierto sentido, por permanecer en la memoria  y reconocerse en nuestra historia, pero a su vez crece desde y por el intercambio.- Que no tiene las mismas  fronteras,  pero que como producto cultural tiene valor de intercambio y   es mercancía.-

Y en  esta industria de valores  culturales que  negocia con  los símbolos. El tango como valor de intercambio,   en este mercado de leyes y propiedades exclusivas de derechos de autor e interpretes. Quiere detener el arte en nuevas  zonas de inclusión y exclusión a partir de leyes de mercado, de audiencias y  tendencias.- Ya no como construcción colectiva si no como objeto vaciado de su  valor simbólico.-  convirtiendo, de alguna manera, el arte en un producto  terminado. Que prevalece en el mercado, ya no solo por su lunfardo, que  es difícil de traducir, sino por  lenguajes universales como son la danza  y la música.  Y genera otras nuevas posibilidades de identidades  a nivel global.-

  Pero a su vez, el tango,  lucha también por  conservarse, en su lugar de origen, por sentirse parte de una ciudad que lo  retiene en las orillas. En  los barrios muy cerca de su esencia.-

 Mariana Isadora Rodríguez

Octubre, 2012.-